Generación sandwich - Coachdefamilia.com
abuelos  y nietos

Generación sandwich

Hay momentos de la vida que somos como el jamón York en un sandwich: Hijos adolescentes, padres muy mayores.

La vida a veces nos aprieta un poco con las circunstancias, tenemos hijos pequeños o adolescentes y nuestros mayores ya no están en la tercera edad sino en la cuarta, en una vejez que requiere muchísimos cuidados.
Para esos momentos ¿que podemos hacer? ¿Como nos podemos preparar?

Hay muchas personas que dedican mucho de su tiempo a cuidar de sus mayores. La idea idílica de la abuela que hacia punto en el sillón orejero mientras echaba un ojo a los nietos se ha ido poco a poco convirtiendo en el paso de la tercera edad, a la cuarta, de la vejez a la senectud.

Esto hace que muchas personas, especialmente mujeres, se encuentran en un momento de la vida complicado. En España además la edad del primer hijo se retrasa cada vez y esta situación de cuidado de hijos adolescentes con abuelos muy muy mayores va a ser más frecuente.

¿Qué podemos hacer en estas circunstancias?

Lo primero es reconocer el momento de dificultad, la crianza de los hijos cuando son bebés es un momento más chicle y todo el mundo lo entiende. Nos estiramos, estiramos para llegar a todo, y parece que nos podemos romper, pero es una etapa de la vida en que normalmente vamos a mejor, es una etapa de mucha ilusión y encontrar el sentido es más fácil.

Ya no hablamos de la tercera edad, sino de la cuarta. Cuando los mayores están muy deteriorados es importante saber que tenemos límites, no podemos ser el único cuidador, no somos insustituibles.
Reconocer nuestros límites físicos y emocionales. A veces sentimos amor, y otras rabia, desesperación y falta de sentido. Y todas son necesarias. Estamos de duelo.

En esta etapa el nivel de cuidados físicos, es muy alto, y la capacidad de comunicación con ellos está muy deteriorada. La mayoría buscamos ayuda profesional de una residencia si nos los podemos permitir, y ayuda para esto.

La ayuda en lo físico acaba llegando obligada por las circunstancias. Pero aún así las emociones nuestras para ese momento “jamón york”, hay que transformarlas en sentido de lo que nos sucede.
Si nos sentimos aplastados por las circunstancias, la dependencia, la senilidad, la pérdida de lo que nuestros padres fueron, hay que buscar dentro de nosotros fuerza para vivir esta situación. Encontrarle sentido a la vida de nuestros mayores y a la nuestra.

No podemos evitar el sufrimiento pero si podemos encontrar un sentido a la vejez de nuestros padres y nuestra propia madurez.

Com experta en coaching, en preguntas, y cada uno experto en sus respuestas, estas son algunas preguntas nos podemos hacer:

La más difícil ahí va.
¿Qué tiene de bueno la vejez? Bueno que estamos vivos. El problema es la calidad de la vida.
Si ya se que el cuerpo va a menos y la cabeza también, pero se abre una nueva puerta en la vejez. Las posibilidades de transcendencia, de legado emocional o espiritual para los que tengan creencias espirituales se abren.

Si ahora nos planteamos la tragedia de morir jóvenes, ¿cuanta vida hemos puesto a nuestros años? ¿con quien hemos podido compartir, envejecer juntos, ser acompañados?¿Qué valor ha tenido todo eso?

La vejez lo que da es una imagen más llena del sentido de nuestra vida. Como si el sentido de la cada vida fuera un granero que llenamos grano a grano y es en la vejez cuando por primera vez contemplamos el cuadro completo, y podemos ser los hijos los que veamos el sentido completo a la vida de nuestros padres con sus luces y sobras y extraemos de eso muchísima información para mejorar nuestra linea de vida hacia nuestros hijos.

Que se lo pregunten a todo el que ha perdido prematuramente a alguien, cuanto vale la vejez.

Leí una vez, creo que a Alfonso Ussía, que la muerte en la juventud era como el naufragio de un barco en el temporal, y la muerte en la vejez es como arribar a una playa.

Tenemos que aprender a despedirnos poco a poco, y a saber que los que vivimos esta situación no vivimos un duelo rápido, si no que hoy nos despedimos de una parte de nuestra madre o padre, y mañana de otra facultad, y así ellos van llegando a su playa y nosotros vamos creciendo por dentro.

Preguntas para nosotros mismos. Los del momento sandwich.
¿qué sentido tiene lo que estoy viviendo?
¿a quien puede ayudar la actitud con la que lo vivo?
¿para quien soy un ejemplo?
¿en quien me puedo apoyar?
¿qué parte del dolor que tengo puedo aliviar y que no?
¿qué cosas he hecho bien en mi vida hasta este momento para compartir los años “buenos” con mis mayores?
¿En que me tengo que preparar yo la vejez y la muerte?
¿qué queda pendiente de arreglar?

Cada uno tenemos una historia con nuestros padres y hermanos. Este momento es una oportunidad para enseñar a nuestros hijos como arreglar bien los temas pendientes, mejorar los “líos” de cada familia. Es un momento de reconciliación y todo un reto de madurez para nosotros.

Mucho ánimo y mi gratitud a todas esas horas que a veces con mucho amor y otras con resignación o desesperación, dedicamos a nuestros mayores

Rocío Gómez Sanabria
Coach de Familia
Talento, Contribución y Sentido

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