Cuento de Navidad

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Había en el cielo un ángel tan pequeño tan pequeño, que era el más pequeño de todos los ángeles del cielo. Sus alitas eran también muy pequeñas, así que el angelito apenas podía volar. Pero cuando Dios pasaba cerca el angelito !volaba! Así que todos le llamaron rastro de Dios!

Un día reunió Dios a todos los ángeles para decirles que tenía una misión muy especial, muy importante, muy delicada, que era realmente importante que se hiciera bien.
Había que mover una enorme estrella a través del firmamento desde oriente hacia Belén, porque iba a nacer el niño Dios, y los tres reyes magos de oriente querian conocerle y llevarle regalos y no sabian llegar. Así que la enorme estrella aunque luego se viera pequeña, tenia que ser trasladada. ¿Qué ángel sería elegido para algo tan grande?
Rápidamente algunos ángeles se presentaron voluntarios. Dios sintió a sus pies al pequeño rastro de Dios, y lleno de ternura le cogió en sus manos y anunció: Rastro de Dios, tu serás el encargado de llevar la estrella a Belén.
Rastro de Dios se sintió abrumado, era taaaan pequeño. ¿Qué podía hacer con sus pequeñas alas? Y Cómo podría volar sin estar cerca de Dios y llegar? ¡Jamás tendría fuezas suficientes!
Pero Rastro de Dios dejo de pensar en si podía o no podía y en que era pequeño, ¿acaso no era tambien la alegría de todos en el cielo? Porque Rastro de Dios siempre se acercaba a todos los angeles a decirles lobien que hacian las cosas, realmente se quedaba asombrado de lo grandes, lo listos y lo fuertes que eran los demas ángeles, le decía a los querubines que eran tan amorosos! A los serafines como tocaban musica, a los angeles de la guarda, cuanto bien hacían, y a los arcángeles cuan valiosa era su aportación .
Rastro de Dios pensaba como podría llevar el la estrella hasta Belén, así que decidió pedir ayuda. Se acercó uno a uno a cada ángel y entre todos comenzaron a mover la estrella para llegar a que fuera bien visible por los magos hasta Belén.
Rastro de Dios estaba feliz! Lo había conseguido y todos los ángeles le sonreían y le decían lo alegre, lo listo, lo buen compañero que era y que facil había hecho que todos movieran la estrella. Y Rastro de Dios, empezó a volar de alegría y se dió cuenta de que sus alas eran más grandes, más fuertes y que Dios le sonreía. 

FIN.

Author: Rocío

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